Danza macabra
Esta semana más tranquila de lo habitual. El lunes 16 fue feriado por el “Día de la Familia” acá en Canadá, así que tuvimos un fin de semana largo. Lo aproveché bien: Granville Island con la familia celebrando el Año Nuevo chino, viajes a la montaña para las clases de esquí de mis hijas y más lectura.
La pequeña victoria de la semana
El martes, cuando volví al trabajo después del feriado, me sentí como si no hubiera trabajado durante varias semanas.
Eso puede sonar mal, pero es todo lo contrario: quiere decir que pude desconectarme de verdad durante el fin de semana. Disfrutarlo en su plenitud. Entre la montaña, los libros y la familia, el trabajo quedó en otro planeta durante unos días. Eso, para mí, es una victoria.
Lo que estuve leyendo
Me leí “La guerra del arte” de Steven Pressfield. Llevaba tiempo en mi lista y después de escuchar un podcast con el autor, decidí que era hora. Es muy probable que si lo hubiera leído 15 años atrás, no habría tenido el impacto que tuvo ahora. Es la experiencia lo que da más claridad. Escribí una reseña completa que puedes leer acá.
También leí un artículo de Thinkific sobre cómo llegaron a tener un 35% de su código generado por IA. Lo que más me llamó la atención es que ellos mismos lo plantean como un problema de confianza y no de las herramientas. También, en toda esta vorágine de código generado por IA, me preocupa que nos estemos despreocupando de revisarlo en profundidad y asumamos que tendrá la misma calidad que si un humano la escribiera. En mi opinión, la revisión debería ser igual de estricta, o incluso más, cuando dependemos de código generado.
Por último, terminé de leer el primer libro de la saga Ripley. Tengo varias opiniones que todavía no he procesado, así que dejaré mis comentarios para la siguiente semana.
Lo que estuve escuchando
El sábado 14, Día de San Valentín, pude asistir a mi primer concierto de Ghost en Vancouver. Fui con Martina y lo pasamos increíble. La banda ya había girado por Norteamérica y Vancouver no había sido considerado. Así que fue una sorpresa que apareciera esta fecha.
Lo más interesante: tuvimos que guardar nuestros teléfonos en bolsas protegidas. Cero fotos, cero videos. No puedo decir que por eso disfruté más el concierto, pero con Martina nos quedamos reflexionando sobre el uso de teléfonos en general y sobre lo que significa cuando un artista quiere presentar un show sin pantallas de por medio.
La banda estuvo impecable. Muy teatral, con unos coros increíbles y músicos que son extremadamente buenos en su instrumento. El soporte gráfico arrancó un poco flojo, pero después de la mitad del concierto los visuales me sorprendieron — soportaban perfectamente la crítica a la sociedad que hace la banda con sus canciones. El sonido estuvo perfecto.



Lo que estoy pensando
Paseando por Granville Island, entré a una librería y encontré un libro irónico con frases motivacionales. Una en particular me pegó, especialmente después de leer a Pressfield:
There will never be the perfect time. Do the stupid thing now. You deserve it.
Los sueños que dejamos morir porque los consideramos estúpidos. La Resistencia siempre te dice “todavía no es el momento.” Pero quizás el momento estúpido sea exactamente el momento correcto.
Gracias por leerme.
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